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Referentes / Reflexiones

Más allá de la necesidad de expresión, existe un impulso liberador de fuerzas internas que  me conduce a la creación, a las concreciones pictóricas de instantes, que materializadas, aparentan ser eternos.

Siento que pintar me aproxima a la esencia creadora de los dioses porque  esbozo caprichosamente  mundos, los hago surgir del trasfondo de los lienzos; los plasmo con un impulso esencialmente  visceral, catártico. Invento espacios me  evado en gestos, manchas, texturas y colores;  me deshago  en el silencio, abordo el lenguaje  universal de los sentidos, del tiempo.

Posiblemente  la patología  de la violencia que genera expresiones artísticas análogas, en diferentes tiempos y lugares, para mí es la motivación intrínseca que hace de mi actividad artística en confinamiento,  un paliativo que me permite la sobrevivencia cargada de evasivas emocionales.

En este contexto  de  informalismo,  como la búsqueda de sus  propias significaciones, la inexistencia de reglas,  y de existencialismo como la soledad del individuo, lo que tiene de místico la exploración de  su auténtica esencia, me he permitido la reserva, el tiempo que he considerado requerido para mostrar mi trabajo, la  libertad en la búsqueda de representaciones aleatorias, de materiales inusuales, indagar, fluir y perderme, concluir y evocar.

Finalmente,  pintar como un proceso purificatorio se convierte y me convierte en un evento liberador,  una celebración, una ofrenda al Universo,  un relato sin palabras, un acto  poético.

Marcela Ramírez-Aza            

Ra-Aza.